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Repunta la economía, pero el consumo está flojo ¿Cómo está eso?

hace 10 horas
3 min de lectura

Consejo Editorial


La economía mexicana atraviesa un escenario de contrastes que desafía las lecturas simplistas. Los indicadores más recientes para septiembre de2026, dibujan una paradoja: La actividad productiva avanza a buen ritmo en términos de tasa anual, pero el consumo de los hogares, que representa 2/3 del PIB, muestra señales de fatiga.


Por un lado, el Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del INEGI estima que el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) habría crecido 3.7 % anual en septiembre. El avance estaría liderado por las actividades terciarias (comercio y servicios), con 4.0 %, y respaldado por las secundarias (industria), con 3.6 %. El avance mensual estimado es de apenas 0.1 %, parte del repunte anual obedece a una base de comparación baja, y en lo que va de 2026 el IOAE acumula un crecimiento de 1.92 % anual, su menor resultado en tres años. Aun así, el dato apunta a una economía que se mantiene en expansión.


Sin embargo, la fotografía cambia cuando se observa el consumo. El Indicador Oportuno del Consumo Privado (IOCP), estima que el gasto de los hogares habría crecido apenas 0.6 % anual en septiembre y se habría contraído 0.1 % respecto a agosto.


Los datos del comercio apuntan en el mismo sentido. Según la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), en septiembre de 2026 las ventas a pesos corrientes a tiendas iguales (las que tienen más de un año de operación) crecieron 0.9 % anual, luego de 1.7 % en agosto. A tiendas totales, el avance pasó de 4.2 % a 3.7 %. La brecha entre tiendas totales e iguales sugiere que el crecimiento del sector depende más de la apertura de nuevos establecimientos que de vender más en los ya existentes.


Además, las cifras de ANTAD son nominales, es decir, no descuentan el efecto de los precios. Con una inflación anual de 3.45 % en septiembre (3.26 % en agosto), un crecimiento nominal de 0.9 % sugiere que el volumen de mercancías vendidas en tiendas iguales habría disminuido en términos reales, en alrededor de 2.5 puntos según un cálculo aproximado. Cabe aclarar que ANTAD mide solo tiendas físicas de las cadenas afiliadas y no captura, por ejemplo, las compras en línea.


Lo más desconcertante es que este freno del consumo ocurre en paralelo a un máximo histórico del empleo formal. De acuerdo con el IMSS, en septiembre se crearon 128 mil 803 puestos de trabajo, más del triple de los 38 mil 319 de agosto, y el total de puestos afiliados llegó a 22.9 millones, el nivel más alto de la serie. El cuadro, no obstante, tiene matices: En los últimos 12 meses el empleo formal creció 1.6 % y, sin contar 2025, la creación de empleo de enero a septiembre es la menor desde 2020. Además, el salario base de cotización promedio se ubicó en 666 pesos diarios, un máximo para un mes de septiembre, pero 7.1 pesos por debajo del nivel de agosto.


¿Cómo es posible entonces que haya más gente con empleo formal y que, aun así, las cajas registradoras sigan frías? Una posible explicación es que el empleo crece a un ritmo moderado y con salarios que apenas compensan la inflación real; otra, que parte del ingreso de los hogares se destina a pagar deudas en lugar de consumo. Ambas son hipótesis que habrá que contrastar con datos de salarios reales y de crédito al consumo. Hay además una pregunta pendiente: Los servicios crecen 4.0 % mientras el consumo avanza 0.6 %, lo que sugiere que parte de la actividad terciaria depende de componentes distintos al gasto de los hogares.


Lo que sí se desprende de los datos es que los motores del crecimiento se comportan de forma dispar. La creación de empleo es un pilar indispensable, pero no basta con aplaudir las cifras de empleo: Para que el consumo se reactive se necesita que los hogares recuperen confianza y poder adquisitivo. Sin esa segunda mitad de la ecuación, el crecimiento productivo corre el riesgo de no generar tracción en el mercado interno.


Asumir que la economía avanza con firmeza solo por los datos de producción sería un diagnóstico incompleto y riesgoso. El bienestar económico real no se mide solo en las naves industriales, sino en la capacidad de gasto de la población, y ningún aparato productivo puede sostener un crecimiento prolongado si el mercado interno se debilita.


Es un hecho que la economía a nivel agregado ya superó el bache del 2025 -relativamente normal para un primer año de sexenio-, pero aún está por confirmarse si el jalón del sector externo es lo suficientemente fuerte para reanimar la demanda doméstica a nivel nacional vía empleo y salarios por encima de la inflación.


En el mediano plazo, la confianza para la inversión es la clave para un crecimiento sostenible y amplio.

 
 
 

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