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La educación, el punto ciego de la sostenibilidad corporativa.

hace 1 día
2 min de lectura

Por: Juan Carlos Meade*

 

Parte 2

 

Un ejercicio de números...

 

Vale la pena dimensionar de qué tamaño estamos hablando, aunque sea con un ejercicio muy simple y transparente en sus supuestos, no con una cifra que pretenda ser un dato duro. Por ejemplo, CAINTRA Nuevo León, la cámara industrial más grande del estado, declara públicamente más de cinco mil empresas afiliadas. Si únicamente el uno por ciento de esas empresas, alrededor de cincuenta organizaciones, decidiera destinar liderazgo directivo y recursos sostenidos a un esfuerzo coordinado de evidencia educativa, ese número ya igualaría o superaría en tamaño al grupo fundador de movimientos como Todos Pela Educação en sus primeros años. No se trata de una proyección de impacto ni de una cifra de inversión (esos datos no existen públicamente y no me corresponde inventarlos), sino de una forma de mostrar que la escala necesaria para empezar no es inalcanzable, de hecho, es modesta frente a la base empresarial ya organizada que existe en el estado.

 

Además, ese ejercicio cobra otro sentido si se cruza con un dato que la propia CAINTRA ha hecho público y es que la industria de Nuevo León requiere alrededor de cuarenta mil técnicos e ingenieros calificados cada año y el sistema educativo actual egresa apenas una fracción de esa cifra, según cifras presentadas por la cámara, cerca de veinte mil profesionales técnicos al año, la mitad de lo que la industria demanda. Esa brecha no es un problema de reclutamiento que se resuelve ofreciendo mejores salarios, es un problema de origen educativo y ningún departamento de talento puede resolverlo por sí solo.

 

Si ese uno por ciento de empresas dedicara su esfuerzo, de manera articulada, a identificar con evidencia en qué punto del sistema educativo se pierde la mitad de esos veinte mil técnicos que faltan cada año ¿falta de comprensión lectora?, ¿falta de vocación temprana hacia la ingeniería?, ¿desajuste entre lo que se enseña y lo que la industria certifica como empleable?, el efecto dejaría de ser filantrópico. Sería un efecto directo sobre la disponibilidad futura de fuerza laboral calificada, es decir, sobre la variable de la que depende la competitividad de esas mismas empresas y buena parte de la promesa del nearshoring en la región.

 

Y lo que queda pendiente...

 

Todos Pela Educação y ExE no tuvieron éxito porque las empresas que las impulsaron tuvieran más dinero que otras; tuvieron éxito porque un grupo de líderes empresariales decidió tratar la calidad educativa con la misma seriedad analítica que aplican a cualquier decisión de negocio y sostuvo esa decisión durante años, no durante una campaña de comunicación. Para Nuevo León esa decisión no es abstracta y se traduce, año con año, en si la industria logra cerrar o no una brecha de cuarenta mil técnicos e ingenieros que hoy no se cierra sola.

 

Hay que tener bien claro que la sostenibilidad corporativa del futuro no se va a medir solo en toneladas de carbono evitadas. Se va a medir también en si las empresas que hoy compiten por instalarse en una región ayudaron a construir, con evidencia y de manera sostenida, el capital humano especializado del que depende su propia competitividad mañana.

 

*Catedrático de Política Pública e Impacto Social en el Tec de Monterrey

 
 
 

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