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Inversión fija repunta: ¿Quién está invirtiendo?

hace 30 minutos
4 min de lectura

Equipo Editorial de Buena Economía


Resumen

La inversión fija bruta de México creció 1.4% mensual en julio de 2026 y 6.0% anual, con cifras desestacionalizadas del INEGI. El índice se ubicó en 110.5 puntos (2018=100) aun por debajo de niveles alcanzados en 2023 y 2024.


El impulso provino de maquinaria y equipo (+4.5% mensual), que compensó la caída de 1.5% en construcción. Destaca el repunte de la inversión privada: 6.7% anual en julio, frente a apenas 0.4% en el acumulado de enero a julio.


Ese repunte plantea dos preguntas: qué empresas están invirtiendo y por qué lo hacen cuando la encuesta de Banxico (septiembre 2026) muestra que solo 10% de los especialistas ve buen momento para invertir. Una explicación posible, es que el motor sean empresas extranjeras que amplían plantas para exportar equipo vinculado a la inteligencia artificial: un impulso potente, pero concentrado y con limitado encadenamiento interno.


Un indicador que anticipa el futuro

La formación bruta de capital fijo (FBCF) mide la parte del valor agregado que se invierte en lugar de consumirse. Define la capacidad productiva, la productividad y el crecimiento potencial de los próximos años. En julio se logra un segundo avance mensual consecutivo, tras 1.3% en junio, pero el acumulado enero-julio crece solo 1.7% anual.


La mirada global: capital que se importa

La maquinaria, equipo y otros bienes importados crecieron 14.0% anual (desestacionalizado), mientras los de origen nacional cayeron 5.3%.


Para la economía, el efecto esperado de más importaciones de bienes de capital es mayor capacidad exportadora en el mediano plazo. Se invierte, pero con equipo comprado fuera, no producido por la industria local. Eso implica que de corto plazo la inversión de equipo importado no aumenta el PIB.


El equipo de transporte importado cayó 7.9% anual, de modo que el dinamismo proviene de maquinaria, equipo y otros bienes (no de vehículos); un impulso que sería consistente con la instalación de plantas de cómputo y servidores.


En construcción, que subió 6.9% anual, aunque cayó 1.5% frente a junio, la edificación residencial creció 9.2% anual y la no residencial 4.0%, con una baja mensual de 3.9% en esta última. En el acumulado de enero a julio, la construcción pública avanza 12.9% y la privada 2.5%, lo que implica que la obra pública ha impulsado parte de la inversión del año, presumiblemente por el gasto en trenes.


El repunte privado: ¿quién está invirtiendo?

En el acumulado de enero a julio, la inversión pública crece 10.2% y la privada 0.4%. En julio, en cambio, la privada avanzó 6.7% anual (construcción privada, 7.2%; maquinaria y equipo, 6.2%, en cifras originales). Las exportaciones de máquinas de procesamiento de datos han tenido han tenido un crecimiento espectacular en el último año, pero sin muestras tangibles del valor agregado o derrama económica hacia el resto de la economía.


Lo que dice la encuesta de Banxico: pocas señales de un boom

En septiembre de 2026, 46% de los especialistas del sector privado consideró que es mal momento para invertir, 44% no está seguro y solo 10% lo ve como buen momento (Banxico, 2026). Hay mejoría frente al 73% que opinaba que era mal momento en junio de 2025, y además 39% espera un mejor clima de negocios en los próximos seis meses, pero el nivel sigue lejos de uno que anticipe una mejoría significativa y generalizada. La encuesta consulta a analistas, no a empresas, y tiene 41 respuestas; es un termómetro de percepción, no un registro de proyectos.


La conjunción de ambos datos podría reflejar una inversión de dos velocidades: un enclave exportador, ligado a la demanda estadounidense de infraestructura de inteligencia artificial, y el resto de la economía, que espera certidumbre. De confirmarse el repunte, el beneficio para México sería empleo manufacturero, exportaciones y divisas, concentrados en pocas regiones, con valor agregado nacional aún acotado y dependencia de un solo foco de demanda y de la revisión del T-MEC.


Perspectiva

La cifra de julio es una buena noticia con matices. México atrae y adquiere capital productivo a un ritmo notable y se consolida como plataforma de ensamble para el hardware de la inteligencia artificial. Pero la distancia entre el dato del INEGI y la percepción recogida por Banxico sugiere que el repunte privado no necesariamente refleja un auge amplio de confianza; una lectura posible es que provenga de empresas globales que responden a su propia demanda externa, aunque faltan datos para confirmarlo.


El reto es convertir ese enclave en desarrollo interno: más proveedores nacionales, mayor contenido local, reglas claras, abasto de energía y certidumbre ante el T-MEC. Habrá que observar si la recuperación se confirma en la próxima publicación del INEGI, programada para el 5 de noviembre, y si la percepción de los especialistas mejora. Si no, México crecerá con maquinaria ajena y beneficios limitados.


En ese contexto, la política fiscal juega también un papel fundamental. El grueso de la inversión privada nacional proviene de reinversión de utilidades. Reglas más estrictas en deducibilidad de gastos, incluidos intereses sobre préstamos más la obligación de pago mínimo de impuestos de ISR, aunque no se generen utilidades tiene un efecto negativo sobre las utilidades netas de las empresas. No hay magia, menos utilidades después de impuestos es igual a menor capacidad de inversión privada.

 
 
 

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