top of page

El Niño 2026-2027: Riesgos inflacionarios, económicos y de seguridad

hace 6 horas
6 min de lectura

Consejo Editorial


El cambio climático es una realidad y sus efectos ya se asoman en la economía global.


Las aseguradoras se han retirado de Florida y las que continúan cobran las primas más caras en la Unión Americana por la frecuencia e intensidad de los huracanes y tormentas en los últimos años.


El verano del 2026 ha sido el más cálido del que se tenga registro en Europa Occidental acompañado de sequías generalizadas, caudales fluviales excepcionalmente bajos y temperaturas marinas inusualmente elevadas.  Se afectó la disponibilidad de agua, el transporte fluvial y la salud humana. El transporte de granos desde Ucrania a través del Danubio se ha visto restringido por el bajo nivel del caudal del río lo que ha impactado a los precios de los granos.


Tifones e intensas tormentas tropicales sucesivas en Asia, destacando el tifón Dolphin (la tormenta más intensa de un ciclo de varias semanas consecutivas de mal tiempo en las costas de China) ha sido un factor clave para el disparo de los fletes marítimos de China a América, con efectos inevitables en el costo de los productos.


En el 2024 el pacífico mexicano sufrió el arribo de Otis, el huracán categoría 5 más intenso que haya tocado tierra, provocando grandes desastres y pérdidas humanas en Acapulco, además de un elevado costo económico para la reconstrucción y rehabilitación del centro turístico.


En el último mes se han registrado cuatro huracanes categoría 3 o mayor en el Pacífico de las costas mexicanas, uno tras otro Odalys, Polo, Rachel, Simon y ahora Trudy con categoría 1 hasta el momento.

El origen del cambio climático tiene su origen en el calentamiento global y en el fenómeno El Niño.


¿Qué es El Niño?

El Niño es un patrón climático natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico central y oriental. Ocurre, en promedio, cada dos a siete años. Se desencadena cuando los vientos alisios, que normalmente soplan de este a oeste, se debilitan o se invierten.


Como consecuencia, una gran masa de agua cálida se desplaza de Asia a las costas del Pacífico de América. Transfieren calor de oeste a este a través del Pacífico. El agua cálida calienta el aire directamente sobre ella, haciendo que este ascienda. El cambio en la presión atmosférica debilita o incluso invierte los vientos alisios que normalmente soplan en dirección contraria —desde América hacia Asia—, lo que provoca que el nivel del mar en el Pacífico oriental aumente aún más y que las aguas se calienten todavía más. Esta reacción en cadena marca el inicio de un evento de El Niño. Esto altera la circulación atmosférica global y modifica los regímenes de lluvia y temperatura en distintas regiones del mundo.


La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA por sus siglas en inglés) estima una probabilidad de 83% de un El Niño muy fuerte durante el otoño-invierno 2026-27, con una probabilidad de 75% de que alcance niveles históricos en octubre-diciembre


El mapa del impacto: Latinoamérica, Estados Unidos y México

Los efectos son asimétricos, según los análisis de organismos multilaterales.


Latinoamérica. Las evaluaciones del Banco Mundial señalan choques geográficos contrapuestos. El norte de la región andina (Colombia y Venezuela) y Centroamérica enfrentan déficits de precipitación y sequías prolongadas que reducen la generación hidroeléctrica y el rendimiento de cultivos como el café. En contraste, las costas de Perú y Ecuador sufren lluvias torrenciales que dañan la infraestructura, mientras que en las Pampas argentinas el exceso de lluvia produce efectos mixtos en la producción agrícola.


México. Según el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Conagua, los efectos son desiguales y dependen de la época del año. En verano, el fenómeno tiende a prolongar la canícula y a reducir las lluvias en el centro, oriente y sureste del país, con temperaturas superiores a lo normal y mayor riesgo de ondas de calor, sobre todo en el noreste; el monzón mexicano, en cambio, favorece las precipitaciones en el noroeste. En materia ciclónica, suele aumentar la actividad en el Pacífico y disminuir en el Golfo de México y el Caribe. Hacia el invierno, el patrón se invierte en parte: crecen las lluvias en el noroeste, el noreste y la Península de Yucatán, se intensifican los frentes fríos y las temperaturas tienden a ser menores en buena parte del centro y norte. Para el periodo 2026-2027, el SMN prevé que el evento alcance su mayor intensidad entre octubre y diciembre y que continúe hasta la primavera de 2027, lo que mantiene el riesgo de sequía, estrés hídrico e incendios forestales en distintas regiones.


Estados Unidos. Un documento de trabajo del Banco de la Reserva Federal de San Francisco (Roth Tran, octubre de 2026) confirma el patrón meteorológico típico: más precipitación invernal en el sur del país, incluida California; inviernos más cálidos en el noreste y el noroeste; y más huracanes en el Pacífico, con menos en el Atlántico. Sus hallazgos económicos se detallan en la siguiente sección.


Lo que dice la Reserva Federal de San Francisco: Inflación y empleo en EE. UU.

El estudio “In Hot Water? The Macroeconomic Impacts of El Niño”, de la economista Brigitte Roth Tran, analiza cómo han respondido los precios y el empleo de Estados Unidos a los episodios de El Niño desde 1950. Su principal conclusión es que  El Niño tiende a ser inflacionario.


•     Precios en el verano: En un El Niño muy fuerte promedio, la inflación general medida por el gasto de consumo personal (PCE) se eleva temporalmente cerca de 30 puntos base respecto a abril. Los alimentos suben alrededor de 1% hacia junio y cerca de 2.5% acumulado en los 18 meses posteriores al inicio del evento.

•     Precios en el segundo año: El nivel de precios puede sumar hasta alrededor de 1% adicional durante el año siguiente, impulsado sobre todo por servicios básicos (seguros y servicios financieros, y salud, con cerca de 20 puntos base cada uno) y por alimentos (15 a 20 puntos base). Sin embargo, este efecto desaparece cuando se considera que con frecuencia un episodio de La Niña sigue a El Niño, por lo que la autora lo interpreta como una fuente de incertidumbre para los pronósticos de inflación.

•     Empleo: Los efectos iniciales se compensan entre sectores (la construcción gana; la minería y la tala pierden). A partir de abril del año siguiente, el empleo aumenta de forma generalizada en sectores y estados, y el desempleo baja. A diferencia de los precios, esto no depende de que llegue La Niña. La autora lo vincula con la reconstrucción financiada por transferencias de gobierno y los seguros, y con inviernos más benignos en el norte.

•     Salvedades: El modelo no captura posibles puntos de quiebre. Un evento tan intenso como el de 2026-2027, aún en desarrollo, podría causar inundaciones y desastres de gran escala que el estudio no refleja. Además, hoy la economía es más sensible a choques globales de oferta, como los de fertilizantes y energía en medio de los conflictos en Ucrania e Irán.


La autora subraya que, como El Niño se puede pronosticar con meses de anticipación, hogares, empresas y gobiernos locales tienen margen para prepararse. El estudio se centra en Estados Unidos y no analiza a México; aun así, la fuerte integración comercial entre ambas economías sugiere vigilar esos canales.


Impacto económico y financiero en México

Según S&P Global Ratings, la persistencia de condiciones climáticas extremas expone económicamente a una tercera parte de los estados mexicanos. Sus finanzas públicas dependen en buena medida de sectores intensivos en agua, como la manufactura pesada y la agricultura comercial.

Esta desaceleración regional reduce la recaudación de ingresos propios, principalmente el Impuesto sobre Nóminas. A ello se suma la rigidez del gasto estatal, que limita la capacidad de respuesta y obliga a redirigir recursos de inversión productiva hacia fondos de emergencia, subsidios agrícolas y abasto de agua con camiones cisterna.


En el ámbito corporativo, las empresas de los sectores agropecuario y de alimentos y bebidas enfrentan vientos en contra. Las restricciones de agua reducen el volumen de producción orientada a la exportación, elevan los costos logísticos y energéticos y presionan el flujo de caja y los balances si el fenómeno se prolonga.


Conclusión: De la gestión de emergencias a la resiliencia


La evidencia del Banco Mundial, de la investigación de la Reserva Federal de San Francisco y de S&P Global Ratings muestra que El Niño dejó de ser un evento meramente meteorológico para convertirse en un determinante macroeconómico estructural. El caso de Estados Unidos lo ilustra: Incluso una economía no tropical enfrenta riesgos al alza en precios e impacta positivamente el empleo.


Para México, las advertencias de las calificadoras exigen pasar de la gestión de emergencias a la planeación financiera de largo plazo. La vulnerabilidad fiscal de una tercera parte de las entidades revela que la rigidez presupuestaria y la dependencia de sectores intensivos en agua son debilidades críticas ante el cambio climático. Las cadenas de suministro de maíz, frijol, sorgo, arroz, café y alimentos para el ganado están expuestas al estrés hídrico y a rendimientos más bajos.


Hacia adelante, preservar la calidad crediticia subnacional y la continuidad operativa del sector corporativo dependerá de modernizar la infraestructura hídrica y diseñar mecanismos de cobertura de riesgos climáticos, como una condición para la estabilidad económica y financiera del país.


Infografía: del Pacífico a las finanzas de México. Elaboración propia con datos de NOAA, SMN/Conagua, Banco Mundial, Fed de San Francisco (WP 2026-21) y S&P Global Ratings.
Infografía: del Pacífico a las finanzas de México. Elaboración propia con datos de NOAA, SMN/Conagua, Banco Mundial, Fed de San Francisco (WP 2026-21) y S&P Global Ratings.

 
 
 

Comentarios


Suscríbete sin costo

¡Gracias por suscribirte!

  • Facebook App Icon
  • Twitter App Icon
bottom of page