Banxico y Reserva Federal en un Entorno Inflacionario
- 30 abr
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Por: Jorge Gracia
La junta de política monetaria de la Reserva Federal de ayer fue particularmente peculiar.
La decisión fue dividida tanto en la decisión de la tasa de fondos federales que se mantuvo sin cambio en 3.50-3.75%, con un voto en contra de Stephen Miran (aliado de Trump), que votó a favor de bajarla un cuarto de punto, como en el sesgo de aflojamiento del comunicado, en el que no estuvieron de acuerdo tres de los doce miembros que votaron.
La frase en discordia apunta a que es solo cuestión de tiempo para un nuevo recorte de la tasa: “In considering the extent and timing of additional adjustments to the target range for the federal funds rate the Committee will carefully assess incoming data, the evolving outlook, and the balance of risks”.
Los mercados reaccionaron en consecuencia: Una postura monetaria suave en medio de las fuertes presiones de costos en la economía, apoyada por 9 de 12 miembros, aumenta la prima inflacionaria de las tasas de bonos. Los rendimientos a 10 años rebotaron con fuerza en la sesión, para continuar un alza desde 3.95% a finales de febrero a 4.40% en la sesión de hoy.
Los disidentes ven justificada su postura con los datos de Personal Consumption Expeditures Price Index (PCE) que hoy reporta un aumento mensual de 0.7% y una tasa anual de 3.5%. Excluyendo alimentos y energía, el aumento mensual de los precios fue 0.3% y la tasa anual 3.2%, claramente por encima del objetivo de 2% anual de la FED.
A su vez, en un contexto de inflación anual al consumidor de 4.53%, la gobernadora de Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, en su comparecencia ante el Senado esta semana, estimó que la inflación está próxima a retomar un descenso gradual hacia la meta de tres por ciento, en un contexto donde el conflicto en Medio Oriente y sus implicaciones permean sobre las cotizaciones internacionales de los energéticos.
“Prevemos que la inflación general como la subyacente muestran un descenso a partir del segundo trimestre del año, si bien anticipamos que la inflación general converja a la meta del tres por ciento en el segundo trimestre de 2027, y la inflación subyacente se ubique también en tres por ciento en el mismo periodo”.
Sin embargo, reconoce que los cambios de política económica por parte de la administración estadounidense y la agudización de los conflictos geopolíticos añaden incertidumbre a las previsiones, pues “estos riesgos implican posibles presiones sobre la inflación hacia ambos lados del balance”.
Más allá del grado de confianza que pueden tener los pronósticos de inflación en las condiciones actuales, es relevante que la gobernadora del banco central anote que “los determinantes de la inflación apuntan a la ausencia de presiones de demanda en el horizonte de pronóstico, por lo que en nuestra siguiente decisión que valoraremos será realizar un último ajuste en el ciclo de recortes, con lo que estaríamos alcanzando una postura monetaria que continúa apoyando la convergencia de la inflación a la meta.
Si bien para este año se anticipa un mayor ritmo de crecimiento de la economía nacional que en 2025, se espera que prevalezcan condiciones de holgura en el futuro cercano, por lo que no se anticipan presiones en precios provenientes del lado de la demanda”.
Los datos conocidos hoy del crecimiento de la economía en el primer trimestre del 2026 que registran una caída de 0.8% respecto al trimestre anterior, dejan poca duda que no hay presiones de demanda. La caída es generalizada: caen las actividades primarias (-1.4%), la industria (-1.1%) y servicios (-0.6%).
Focalizar la postura monetaria del banco central en las presiones de demanda, es aire fresco en medio de la corriente dominante que pretende aplacar las presiones de costos a través de las tasas de interés.
Lo mismo aplicaría en sentido contrario (apretar la postura monetaria) cuando la inflación esté en el rango de 3+/-1% por motivos de caída en precios de materias primas (ej: 2015-2016) pero la demanda esté por encima del potencial o el peso se encuentre en un proceso devaluatorio que amenace la estabilidad de precios.
Hay que vigilar efectos de segundo orden y mantener ancladas las expectativas inflacionarias, pero las métricas de inflación no dan para mucho en los usos y condiciones actuales.
La inflación subyacente que calcula el INEGI -tasa anual actual de 4.27%- excluye alimentos no procesados, energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, es un buen intento de monitorear el alza de precios de productos que responden a condiciones de mercado.
Sin embargo, la inflación subyacente incluye precios en restaurantes que han recibido el impacto del IEPS, y de empresas de servicios personales cuyos costos laborales se han elevado por los incrementos del salario mínimo, asimismo los precios de mercancías que reflejan el alza del petróleo en el aumento de costos de empaques o del transporte, que forman parte del costo final de los productos.
Kevin Warsh, próximo presidente de la Reserva Federal en reemplazo de Powell a partir de mayo, propone una métrica de inflación recortada (trimmed inflation) que básicamente es quitar de la canasta de productos para calcular la inflación los productos que más y menos variación de precios registran.
Es una gran tarea pendiente para los bancos centrales profundizar en el análisis de las causas de la inflación para separar las correspondientes a un exceso de demanda, que puede corregirse con una política monetaria restrictiva, de la inflación de costos por shocks de oferta que no responden a condiciones de holgura monetaria.
Errar en las decisiones de política monetaria para cualquiera de los dos lados tiene costos para la economía y la sociedad.




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